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  I.   Tierras y lugares de la ruta de Don Quijote
  II.  La ruta de Don Quijote, desde su pueblo a los Batanes
  III. La ruta de Don Quijote de los Batanes a Solana y regreso
  IV.  Tercera salida de Don Quijote
  V.   Viaje a la Ínsula Barataria
  VI.  El verdadero pueblo de Don Quijote: La Puebla de Almoradiel
  VII. Curiosidades
I. TIERRAS Y LUGARES DE LA RUTA DE DON QUIJOTE

Tenía yo seis años, cuando me hacían leer El Quijote en el colegio, como ejercicio de lectura. Todos los días leíamos un poco en voz alta, en la página que nos indicaba el profesor. De aquellas lecturas no me quedó nada y nada o casi nada entendí ni me gustó. Estaba el libro en mi pequeña librería y, teniendo ya doce años cumplidos, lo torné de nuevo, lo abrí por una página cualquiera y empecé a leer. Esta vez sí me gustó, y tanto, que lo leí entero dos veces seguidas, desde «En un lugar de la Mancha ... » hasta «.... sin duda alguna».

Entre mis dieciséis y cuarenta y dos años, poseyendo en mi librería varios ejemplares de este libro, abría con frecuencia un ejemplar por cualquier parte y leía grandes trozos de él. También leí, en este tiempo, varias biografías de Cervantes y todas sus obras, menos los Entremeses. Llegué con estas lecturas al convencimiento absoluto de que Cervantes movía a sus héroes sobre un suelo que era una realidad geográfica, y en un ambiente y entre unos personajes que él conocía muy bien. Prueba de esto es que dice, por boca del canónigo, que encontró en un camino a Don Quijote enjaulado y a sus acompañantes: «... y todas estas cosas no podrá hacer quien huyere de la verisimilitud y la imitación, en lo que consiste la perfección de lo que se escribieras.

Así, con este bagaje, y con cuarenta y dos años recién cumplidos, me fui a La Mancha, a leer El Quijote en su propia salsa, en las mismísimas tierras por las que viajaron Don Quijote y Sancho, y, también, sin duda alguna, Cervantes, y en la época del año en que ellos las recorrieron. Leía en el campo, sentado sobre una piedra o tumbado sobre la tierra, cuando se apareció ante mí una faceta de la novela que hasta entonces me había pasado inadvertida: la faceta que llamaremos «crucigrama»; porque las rutas que yo había consultado, de muy diversos autores, todas las que encontré, y busqué mucho, eran como un crucigrama mal resuelto, que no cuadraba. Por ejemplo: si el pueblo de Don Quijote era Argamasilla de Alba, y la aventura de los molinos ocurre en Campo de Criptana, único pueblo de La Mancha que tenía, en aquel tiempo, treinta o cuarenta molinos (treinta y dos bases de molino ha contado en 1976 el autor de estas líneas) siendo el propósito de Don Quijote ir desde un pueblo a Puerto Lápice, es absurdo ir de Argamasilla a este pueblo por Campo de Criptana, y tampoco es lógico que, caminando, sin prisa, sobre un penco y un borrico recorrieran en día y medio setenta kilómetros. En esto, o le falla a Cervantes la «imitación», o se despistan los que estudian la ruta; pero peores que éste son otros detalles, o mejor dicho, diferencias, que hay en las rutas «estudiadas» por eminentes literatos y sabios y doctos cervantistas, en cuanto a los lugares en que ocurrieron las aventuras y, sobre todo, en la localización del pueblo de Don Quijote y Sancho, pues se han dado, como verdaderos, a Argamasilla de Alba, porque «así lo quiere la tradición»; Bolaños, Santa María del Campo Rus, Esquivias, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Calatrava y otros.

Rodríguez Marín, el gran cervantista a quien mucho admiro, ha hecho unos comentarios y unas anotaciones al libro con verdadero acierto, y en una conferencia que pronunció en la Asociación, de Escritores y Artistas, el 28 de abril de 1918, publicada íntegramente en el diario El Universo el 29 del mismo mes, dijo: «Quizá en la villa natal de su mujer, en Esquivas, halló el sujeto de cuyo conocimiento y trato, o de cuya existencia tuviera noticia, provino el núcleo o embrión de su Don Quijote» y, después, «ahora bien, este Pedro Fernández Quijada era hijo de Hernán González Quijada, señor de la Mota, y hermano de Gutiérrez González Quijada, el que peleó en la barrera de Algeciras, y del cual fue descendiente por línea recia de varón el Gutiérrez archifamoso, señor de Villagarcía, que se halló en la tela de la Vega de Granada en 1431, concurrió, como aventurero al célebre "Paso Honroso" de la puente de Orbigo, y, al regresar de Jerusalén en 1435 ... », y Eusebio Goicoechea dice en su libro El Camino de Santiago. El largo e irregular puente sobre el Orbigo nos trae a la memoria la caballeresca aventura del "Paso Honroso de Armas". » Suero de Quiñones, su protagonista, es directo antecesor de Don Quijote... ; y, «Con nueve compañeros organiza en 1434, un torneo de armas para conquistar a su dama doña Leonor Tovar».

Si un Quijada guerrero, caballero o aventurero, estuvo en el Puente de Orbigo por la fecha en que Suero de Quiñones realizaba sus hazañas, es lógico y natural, que los Quijada de Esquivias, residentes en este pueblo, poco después de estas fechas, conocieran esta historia, y Cervantes, naturalmente, tuvo que conocerla por ser contada y comentada en el pueblo de s mujer, y por esto cita <a las justas de Suero de Quinones, del Paso; ... » en el capítulo XLIX de la parte primera. Lo extraño es que Rodríguez Marín no haga mención de este suceso que tanto pudo influir en la formación de la figura espiritual de Don Quijote, y que me inclino a creer, cómo este gran cervantista, se fraguó en Esquivias, aunque Cide Hamete Berengeli le hace natural de un pueblo que es, sin duda alguna, la Puebla de Almoradiel.

Completamente convencido de que Cervantes hace seguir a sus héroes un camino que existe, «puntualmente», en La Mancha, busqué con ahínco y encontré el lugar cierto de sus aventuras; pero había tres cuestiones que no tenían lógica explicación: una era la Ínsula Barataria, porque había recorrido yo, cuidadosamente, el Ebro y no existía, donde debiera estar, ningún pueblo emplazado en una «ínsula». Otra era el por qué El Toboso había tenido una gran tapia (no muralla) cerrándolo, y por qué le llama el autor «La gran ciudad de El Toboso». Y otra, ésta de El Persiles, es por qué el grupo de peregrinos, protagonista de la historia que se cuenta en aquel libro, sale de Quintanar de la Orden hacia el Oeste, para ir a Valencia, estando esta ciudad al Este de Quintanar, teniendo que pasar, para ello, por la plaza del pueblo «de cuyo nombre no me acuerdo», y éste es un dato importantísimo para encontrar el pueblo de Don Quijote y Sancho, como verá más adelante el que siguiere leyendo, pues en los capítulos siguientes se describen, con detalle, los hallazgos del «verdadero pueblo» de los protagonistas, de los batanes, de la Venta de Maritomes, de la venta en que se encuentra Don Quijote y Don Alvaro Tarfe, de cuál es el pueblo de los pastores Grisóstomo, Ambrosio y Marcela, y otros.

Como final de este primer capítulo, daré dos noticias de La Mancha, no sospechadas por la mayoría de los lectores y comentaristas de la inigualable historia de Don Quijote y Sancho: una gran parte de la ruta transcurre entre volcanes, hace tiempo apagados, pero, que están allí, en el Campo de Calatrava, por ser estas tierras la zona volcánica central de España, como puede verse en el plano correspondiente a esta parte (véanse planos A y B), en el que se señalan los trece volcanes más próximos a la Ruta, que se elevan sobre la altura media del terreno, porque próximas, también, a esta ruta, están las lagunas de Caracuel, Almodóvar del Campo y Valverde, que se han formado en los cráteres de volcanes extintos. Almodóvar quiere decir en árabe «laguna redonda», y esta forma se debe a la de la boca del volcán. Dicen las autoridades de Almodóvar del Campo, en el año 1575, cuando envían a Felipe II la relación mandada redactar por este rey, que «... según fuimos informados de la lengua arábiga se dice Almodóvar de Aini o Ainie, que quiere decir agua y dover que significa sitio o lugar redondo, porque muy cerca de dicha villa, al pie del castillo y fortaleza de ella, está una laguna de agua muy redonda ... ». No es, como otras muchas lagunas de La Mancha, de formación endorreica, de contorno accidentado, y con frecuencia largas y estrechas. A los volcanes cuyo cono puede todavía distinguirse hoy, suelen llamarles los indígenas «atalayas», aunque desconociendo su origen y formación. Estos conos, y los terrenos próximos a ellos, están formados con abundantes capas de pórfidos y basaltos, que son rocas volcánicas, duras y de no muy difícil labra, y era frecuente, hasta hace poco tiempo, ver en esta zona cuadrillas de obreros haciendo adoquines para pavimentaciones de calles y carreteras. El asfalto casi ha borrado esta industria.

La otra noticia es que, según leí en una revista técnica, cuya fecha de publicación no recuerdo, las aguas depositadas en el subsuelo de La Mancha hasta el año 1954, aguas que, exageradamente, llegaron a ser llamadas «mar subterráneo», tienen trastornado un isótopo del hidrógeno, el trítio, por efecto de las explosiones de Hirosima y Nagasaki. Leyendo los capítulos siguientes podrán juzgar si es posible otra ruta y otro pueblo que estén tan de acuerdo, con lo que dice el texto cervantino, en tiempos, distancias, circunstancias, paisajes, vegetación, coincidencias con caminos reales, etc.

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