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| II.
LA RUTA DE DON QUIJOTE DESDE SU PUEBLO A LOS BATANES
Es lógico y seguro que la ruta de Don Quijote tiene que iniciarse en el pueblo de este sublime personaje, que es, sin duda alguna, como se puede afirmar hoy, La Puebla de Almoradiel. Quien lo dude, que lea este estudio hasta el final y quedará convencido de que éste es su pueblo y también el de Sancho. Lo primero que hay que tener, para intentar encontrar la verdadera Ruta de Don Quijote, es una idea clara de lo siguiente: Las vías de comunicación especiales se llamaban en su tiempo Camino Real, Vereda Real y Cañada Real. La calle de Alcalá de Madrid es una cañada de 90 varas o 75 metros de anchura, y por esto fue siempre una calle muy ancha, por la que pasaban hasta hace muy poco tiempo, con pleno derecho, no pocos rebaños que ahora son transportados en camión. El pueblo de Don Quijote está situado en la vereda Real de Soria, algo así como una autopista de entonces, que ponía en comunicación el Norte y Noroeste de España con Andalucía, por Soria. De aquí su nombre de Camino o Vereda Real de los Torteros, Tortesos, Tartesos o Tartesios. Para Don Quijote, tuvo que ser una incitación a la busca de aventuras, al ver pasar a un kilómetro de su casa, gentes de todas las profesiones y categorías sociales, hacia otras tierras y otras ciudades, incluso, personajes que iban a embarcarse en Sevilla con destino a América, y ellos y sus no pequeños equipajes, eran transportados en coches, carros, carretas de bueyes, galeras y caballerías. En la primera salida, Don Quijote parte de su pueblo « ... una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio .... » y <comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel». En las relaciones de los pueblos de España, ordenadas, en 1575 por Felipe II, que obran en los archivos del monasterio de El Escorial, dicen las autoridades de Quintanar de la Orden que en otro tiempo el término de Quintanar lindaba con el Campo de Montiel». La Puebla de Almoradiel está a la misma altura que Quintanar, por lo que Don Quijote, que va hacia el Sur, camina, a poco de salir de su pueblo,. por el campo de Montiel. Dice el texto más adelante: «... él anduvo todo.,. aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron, cansados y muertos de hambre»; y «... vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella ... ». Don Quijote ha caminado, pues, en ese día, unas quince o dieciséis horas, y ve la venta cuando, marchando por el camino de Herencia a Puerto Lápice, está cerca de este pueblo. Ha recorrido en el día cerca de cincuenta kilómetros, lo que da una media por hora de unos tres kilómetros, cosa muy posible si se va despacio, y, sobre un penco. Pueden hacerse estos razonamientos, porque, buscar la ruta, el pueblo de Don Quijote y el lugar de sus aventuras es como investigar sobre un hecho cierto.
El transporte, pues, no se hacía, entonces, por los mismos caminos que se hace hoy. Y quiero recordaros, aquí, que del transporte de que más universalmente se tiene noticia es el que hizo Rocinante con Don Quijote a lomos. De él se ha hablado y se ha escrito en todos los idiomas. A la entrada de muchos pueblos, especialmente de los manchegos, vemos la silueta del héroe dándonos a entender que por allí pasó. Sin embargo, por algunos de estos lugares, con silueta quijotesco, no pasó nunca, y sí lo hizo por otros que casi no tienen idea de su existencia. No voy a hacer un estudio más de la ruta del Quijote, pues se han hecho muchos, algunos por personas de prestigioso nombre, y aunque en general me parecen desacertados, y hasta alguno que otro realmente «disparatado», no intento aquí comentarlos. Lo que deseo es demostrar, por haber llegado a tener el convencimiento de que puedo hacerlo, dónde se encuentra los auténticos batanes del Quijote, dónde la Venta de Maritornes, por qué mantearon a Sancho, cuál es el pueblo de los pastores Grisóstomo, Ambrosio y Marcela, a qué se debían las tapias de El Toboso, por qué llamó, aunque irónicamente, a este pueblo «la gran ciudad», y por qué llamó ínsula, al pueblo del que Sancho fue Gobernador. Y no tiene mérito alguno por mi parte el haber dado con estos hallazgos, porque, en mi ya larga vida profesional, hice muchos estudios de campo para nuevos ferrocarriles y carreteras y ello me valió de entrenamiento para ver con facilidad la topografía y para hacerme casi insensible al calor y al frío del ambiente. Así, hoy me encuentro a gusto, andando por los caminos de España, en los calurosos julio y agosto o con los hielos de diciembre y enero, entrenamiento éste, necesario para dedicarse, sin cansancio, durante años, a patear La Mancha. Unamuno, en su portentosa obra «Vida de Don Quijote y Sancho», hace un maravilloso y exhaustivo estudio psicológico de los protagonistas, que es, para mí, lo mejor que se ha escrito sobre el Quijote, incluso lo mejor que se podrá escribir nunca. Rodríguez Marín, Astrana Marín, Clernencín y otros, han hecho profundos y documentados estudios históricos literarios de la inmortal obra. Azorín retrata, preciosamente su caminar por los pueblos que, se dice, son de la ruta; pero ninguno de ellos debió recorrer, palmo a palmo, aquel terreno, pues, si lo hubieran hecho, habrían dado, como he dado yo, con los auténticos lugares. Cervantes, que es un escritor portentoso, que en muy pocos renglones nos relata magistralmente unas aventuras tan expresivas y de tan enorme fuerza, que llega a una síntesis que asombra, en la que no sobra una sola palabra, ¿por qué insiste en dar datos que faciliten la idea del paisaje, del lugar y de las distancias recorridas, sin ser necesarios para la esencia de su obra: ... y a poco trecho que caminaron entre dos montañuelas ... », « ... vengo de la ciudad de Baeza, ... vamos a la ciudad de Segovia ... », «... ; con todo esto volvieron al camino real, y siguieron por él ... », <i ... la montaña cerca ... », «... y, habiendo andado más de dos horas por él ... », <i ... aún no hubo andado una pequeña legua ... », <i ... siguieron el camino de Puerto Lápice y a hora de las tres del día le descubrieron ... », <i ... Y, habiendo andado como dos millas ... », «... sin salir de] camino real, que por allí era muy seguido», etcétera. Y en «Rinconete y Cortadillo» puntualiza: « ... en la venta del Molinillo que está en los campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía ... ». Refiriéndose al Quijote, Alvarez Chirveches dice: « ... porque el hombre va configurando su manera de ser y su manera de hacer de acuerdo con el paisaje que le envuelve», y Padilla Amat: « ... Cervantes sigue un itinerario real y bien conocido, siempre lo hace». Y así es en verdad. Cervantes pasó muchas veces por el itinerario que nosotros afirmamos es el de Don Quijote, desde la cabecera administrativa del Priorato de la Orden de San Juan de Jerusalén, de la que él era recaudador, que fue Alcázar de San Juan, hacia Andalucía, y también cuando, en 1597, pasó a ocupar el cargo de Comisario para el suministro de víveres con destino a la Armada Invencible, siéndole asignado un vasto territorio para trabajar. La zona era la que desde Toledo va a Córdoba y Sevilla, atravesada por el Camino Real. Cuando, leyendo atentamente, llegamos al convencimiento de que sus descripciones no son una fantasía, sino que se adaptan a la topografía y circunstancias del camino recorrido, nos nace el deseo de encontrar los lugares en que sitúa las aventuras. Y, en la segunda salida, todos los episodios tenían, para mí, su lugar adecuado, menos la patria chica de Grisóstomo, la venta de, Maritornes, los batanes y su pueblo natal. Por eso los busqué con entusiasmo y tesón, y no me fue demasiado dificil encontrarlos. Sigo, pues, desde Campo de Criptana buscando la ruta con los datos que tenemos: 1. « ... dos mujeres mozas... las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta, aquella noche, ácertaron a hacer jornada» (primera salida). 2. «Y hablando en la pasada aventura (los molinos), siguieron el camino de Puerto Lápiche». Capítulo VIII. 3. « ... tornaron a su comenzado Camino de Puerto Lápice, y, a obra de las tres del día le descubrieron». Capítulo VIII. 4. «Aquí (Puerto Lápice) podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventurase. Capítulo VIII. 5. «Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que iba a Sevilla». Capítulo VIII. El paso de Despeñaperros fue abierto por Carlos 111. Cervantes, y los viajeros de su tiempo, iban a Andalucía por «los campos de la Alcudia», por Puerto Lápice a Ciudad Real o por Toledo a Ciudad Real, y desde esta ciudad a Montoro. Ello explica que Don Quijote encuentre en Puerto Lápice, en su primera salida a las <@mozas del partido» que van a Sevilla, y en la segunda salida a la señora vizcaína que va también a esta ciudad. Por todo esto, Puerto Lápice es punto seguro de la ruta. Hace poco más de medio siglo, al regresar a Madrid en mi primer viaje a Andalucía, me detuve en Puerto Lápice con la ilusión ingenua de ver la venta en que fue armado caballero nuestro héroe. Pregunté a los ancianos del pueblo, y no sabían nada de la tal venta, pero me llevaron amablemente a consultar a un notable de la localidad, cuyo nombre y profesión siento no recordar. Mucho tiempo después me dijeron que era notario. Efectivamente, la venta había existido, pero acababa de ser derribado lo poco que quedaba en pie de ella, y los materiales del derribo, retirados de allí. Este señor, auténtico señor y auténtico hidalgo manchego, más bien alto, bien vestido, con pelo gris y ademán reposado, muy enterado del Quijote, viendo mi insistencia por pisar el terreno que ocupó la venta, pidió la llave de la puerta de una gran corraliza en la que entramos y en ella pude ver y tocar trozos que aún quedaban del empedrado del patio. Estaba situada la tal venta, próxima al empalme de la carretera de Herencia con la, actualmente general de Andalucía, pero no con fachada a ninguna de ellas. Esta sí era la venta de Don Quijote que «... vio no lejos del camino por donde iba, una venta ... »; porque la que hoy se llama Venta de Don Quijote, que también, según parece, era venta en el siglo XVI, estuvo siempre rodeada de casas, en el centro del pueblo, y, ni entonces ni ahora se ha podido distinguir como venta antes de llegar a su puerta. Para seguir adelante desde Puerto Lápice, tenemos los siguientes datos: 1. « ... sin despedirse ni hablar más con la del coche, se entró por un bosque que allí junto estaba». Capítulo X. 2. « ... que sería acertado irnos a retraer a alguna iglesia; que según quedó maltrecho aquel con quién os combatisteis, no será mucho que den noticia del caso a la Santa Hermandad, y nos prendan (Sancho); ... ». Capítulo X. 3. « ... y diéronse prisa por llegar a poblado antes que anocheciese; pero faltóles el sol, y la esperanza de alcanzar lo que deseaban, junto a unas chozas de unos cabreros, y así, determinaron de pasarla allí; ... ». Capítulo X. 4. « ... que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisóstorno..., y mañana le vienen a enterrar con gran pompa adonde tengo dicho». 5. « ... que el muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras ... ». Capítulo XII. 6. « ... Griséstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo». Capítulo XII. 7. « ... cuando vieron que, por la quiebra que dos grandes montañas hacían, bajaban hasta veinte pastores, ...». Capítulo XIII. Aunque se han extendido, alrededor de Puerto Lápice, las tierras de cultivo, comiéndose el bosque, aún, al Oeste del pueblo, pueden verse entre los límites de las parcelas y en algunos rodales, los restos del bosque que allí junto estaba».
En 1970 aún quedaban dos pastores jóvenes, de Consuegra, en este lugar. A finales de ese año dejaron el pastoreo y se fueron a trabajar a Barcelona, quedando El Hondón, sin pastores y sin ganado, aunque allí los hubo desde tiempo inmemorial. Consuegra, en la actualidad, aunque ha disminuido su ganadería, tiene hoy unos doscientos pastores, que se extienden, no sólo por su término municipal, sino por otros pueblos próximos. Los Montes de Toledo son un paraíso para 1 cazadores, y Cervantes, gran madrugador y amigo de la caza, como Don Quijote, debía conocerlos muy bien. Por estas tierras el apellido Cervantes es frecuente, pero no se por qué el arroyo que discurriendo entre dos grandes montañas llega a las cercanías del lugar del encuentro con los cabreros y, después, haciendo un codo va a Villarrubia, se llama San Cervantes. Y aquí llegamos a uno de los puntos fundamentales de este estudio, a demostrar que Grisóstomo era a natural de Consuegra. * * * Grisóstomo (4), « ... vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras, hacía los autos para el día de Dios, que lo representaban los mozos de nuestro í pueblo»; además, le traen a enterrar (7) « ... por la quiebra que dos grandes montañas hacían». Consuegra está situada en los llamados Montes de Consuegra, entre la Sierra del Oso, la de la Alberquilla, la Sierra del Reventón y la de Valdetierra. Por tanto, en plenos Montes de Toledo. Desde tiempo inmemorial existe un camino carretero que va de Consuegra, atravesando las sierras, a Villarrubia, y que, al llegar a la vertiente de este pueblo, pasa entre dos grandes montañas, una formada por las cumbres de El Frontón, de 1.015 metros de altitud y la de Los Santos, de 1.105; y otra, formada por Peñas Amarillas, de 1.035 m. y el Liondal, de 1.117 metros. El único pueblo de esta zona, según mis noticias hasta el momento, en que se han representado autos en el siglo XVI y que aún conserva un precioso Corral de Comedias igual a los que existieron en Madrid con los nombres de «Corral de la Pacheca y Corral de lós Caños del Peral», es Almagro. Pero está demasiado lejos y no se llega desde él al lugar en que se encuentra Don Quijote, entre dos grandes montarías. Si en Consuegra se hubieran hecho en aquel tiempo, representaciones por los mozos del pueblo, no habría lugar a duda; el pueblo de Grisóstomo sería Consuegra. Como tengo la suerte de conocer a don Francisco Domínguez Tendero, teniente-alcalde de Consuegra, persona de erudición increíble, que conoce muy bien los papeles que hay en los archivos de esta ciudad, confiando en su amabilidad y en su trato cordial, me voy a verle a su tienda de librería y papelería. Inmediatamente y, casi de memoria, me facilita los siguientes datos: -En 1607 y en 1609 se hicieron en Consuegra representaciones para las que venían las «máscaras» (trajes para estas fiestas) de Tembleque. -Diego Hernández, el danzante de Consuegra, y Rafael Ramos, reciben, alquilado a Gaspar Torres, vecino de Toledo, vestuario para danzas y otros actos el día de la Virgen de agosto de 161 1. -En 1613, otra vez reciben vestuario de la misma procedencia. Costó doce ducados. -El 11 de abril de 1614, Marco Díaz Cordobés, recibe de Gaspar Torres, de Toledo, un hato para las fiestas del Santísimo. -En 1643, con motivo de la entrada en Consuegra de Don Juan de Austria, se celebró <cuna danza de trece niñas representantes de las trece villas de Consuegra (13 villas, 3 aldeas y 3 castillos), cada úna con su correspondiente rótulo. Guiábalas a todas un niño de lindo talle, con gineta de capitán en la mano que simbolizaba Consuegra, en cuyo nombre habló al Príncipe recitándole una hermosísima loa que compendiaba la historia de Consuegra». Las representaciones se hacían en la casa, todavía existente, que tiene fachada a la plaza y en ella un hermoso voladizo de vigas de madera, en la que están instalados actualmente el bar más importante del pueblo y dependencias del Ayuntamiento. En un centro oficial me permiten ver libros Registro de tiempos pasados. Cuanto más antiguos son los libros, más abundancia hay en ellos de Grisóstomos, Ambrosios y Marcelas. Un anciano de la localidad, me dice: -Este es el pueblo de los Grisóstomos. Mis abuelos y los abuelos de las personas de mi edad, se llamaban todos Grisóstomos y Ambrosios y todas las mujeres Marcelas. Ahora van quedando pocos. Creo firmemente que con lo expuesto, queda claro que Grisóstomo era de Consuegra y que sus autos y villancicos en ella se representaban y se cantaban. * * * Seguimos hacia la Venta de Maritornes, considerando estos datos: 1. « ... él y su escudero se entraron por el mismo bosque donde vieron se había entrado la pastora Marcela; y, habiendo andado más de dos horas por él... vinieron a parar a un prado lleno de fresca hierba, junto del cual corría un arroyo ... ». Capítulo XV. 2. « ... que andaban por aquel valle paciendo una manada de jacas galicianas de unos arrieros yangüeses, de los cuales es costumbre sestear con su recua en lugares y sitios de yerba y agua ... ». Capítulo XV. 3. « ... y vamos de aquí antes que la noche venga y nos saltee en este despoblados Capítulo XV. 4. « ... se encaminó, poco más o menos, hacia donde le pareció que podía estar el camino real». Capítulo XV. 5. «... Aún no hubo andado una pequeña legua, cuando le deparó el camino, en el cual descubrió una venta ... ». Capítulo XV. , En La Mancha, tierra seca, durante el mes de agosto, en el que ocurren estas aventuras, no corren arroyos más que en el interior de los Montes de Toledo, donde lógicamente, por lo expuesto, están Don Quijote y Sancho después de seguir a la pastora Marcela y seguramente se encuentran cerca del nacimiento del arroyo de los Fresnos que llega al camino real completamente seco. Los yangüeses, arrieros naturales del pueblo de Segovia llamado Yanguas, que llevan jacas «galicianas» acostumbradas a los prados gallegos, tienen que apartarse del camino real, adentrándose en los pequeños valles de estos montes, en busca de «fresca yerba». Allí los encuentra nuestro héroe, en el valle comprendido entre los Cerrajones y la Mesa, en el que sí corre un arroyo en agosto, nutrido por las fuentes permanentes llamadas del Jabalí, de la Rendija de las Posadas del Gamo y de la Zarza, situadas en la vertiente sur del primer monte citado; y por las llamadas de las Palomas, de Hierro, Chamazadas y otras de la vertiente norte del segundo. Desde aquí hasta el camino real hay «cuna pequeña legua» yendo por el camino del Cortijillo que desemboca en la carretera de Toledo a Ciudad Real (antiguo camino real) hacia el kilómetro 146. Desde este punto, si seguimos guiándonos por lo que dice el Quijote, debe descubrirse la auténtica Venta de Maritormes, y efectivamente, allí está, frente al kilómetro 144 de la citada carretera. En los restos de ella, llamados hoy Venta de la Serrana, habita con su familia el cabrero Vicente Angulo, que nos dice que hace casi sesenta años que no es venta, sino majada de ganados. Desde el empalme del camino del Cortijillo a la Venta la Serrana hay algo más de un kilómetro y medio. Cervantes nos dice cómo recorrieron esta distancia: «Porfiaba Sancho que era venta, y su amo que no, sino castillo; y tanto duró la porfia que tuvieron lugar, sin acabarla, de llegar a ella ... ». Al día siguiente salen de la venta hacia lo inesperado. Sancho manteado y Don Quijote molido por la «caída de la peña abajo». Yendo por el camino real se encuentran entre dos polvaredas formadas por rebaños de ovejas y carneros, «que eran (creía el caballero) dos ejércitos que venían a embestirse y encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura». Después de esta aventura de los carneros, siguen por el camino real «que por allí iba muy seguido». Capítulo XVIII. Entre Fuente el Fresno y Malagón, yendo de la venta hacia Andalucía, está la espaciosa llanura, con numerosos rebaños, entonces y ahora, y con una recta en el camino real, hoy carretera, de siete kilómetros de longitud. No pueden la topografía y la fauna estar más ajustadas a lo que nos dice Cervantes. La medida del tiempo y del camino recorrido en esta jornada nos la da Cervantes puntualmente: «Yéndose, pues, poco a poco, porque el dolor de las quijadas de Don Quijote no le dejaba sosegar ni atender a darse prisa ... ». Final del capítulo XVIII. «En estas y otras pláticas les tomó la noche en mitad del camino ... ». Capítulo XIX. Este camino es el camino real, donde tienen la aventura del cuerpo muerto, que da lugar a que se salga de él por las razones que da Sancho: « ... esta gente, aunque vencida y desbaragada, podría ser que cayese en la cuenta de que los venció solo una persona, y, corridos y avergonzados desto, volvieron a rehacerse y a buscarnos ... ». Capítulo XIX. Así, cuando «la oscuridad de la noche no los dejaba ver cosa alguna ... »; toparon con los :patanes, por lo que éstos tenían que estar, no en el camino real, pero si no lejos de él, «... y ellos acertaron a entrar entre unos árboles altos ... ». Y allí están: donde deben de estar para concordar con lo relatado por Cervantes, los restos de los batanes y los de los árboles altos, que, aunque ya no ruedan castaños, que estaban agua arriba de lo que rueda hoy de arboleda, todavía envuelven las edificaciones. Vamos a decirles ahora cómo encontramos los batanes: Cuando se llega al convencimiento de que Cervantes hace ir a sus personajes por un itinerario real y muy frecuentado por él, y se conoce La Mancha lo bastante para saber que en el mes de agosto no hay en ella más corriente de agua, capaz de mover un batán, que la del Guadiana, y, además, la anterior aventura rueda cerca de este río, hay que buscar este batán en las proximidades de Molino de Nolalia, por el que cruzaba el Camino Real de la Plata y cruza hoy, todavía, la carretera de Toledo a Ciudad Real, ubicada en gran parte sobre el citado camino. Nosotros reconocimos cuidadosamente los molinos de Nolalia, de Malvecinos y los que hay en las carreteras de Torralba y de Daimiel a Malagón, relativamente próximos al lugar en que creíamos debían estar los batanes, y ninguno nos pareció que hubiera sido destinado a otro uso que al de molino, parecer compartido por los moradores de los mismos y que oyeron a sus mayores. Por esto iniciamos la investigación agua abajo de estos molinos y llegamos a descubrir la Casa del Batán, que, aunque poco, con este nombre ya era algo. En ella nos dijeron que así se llamaba la finca desde siempre, pero que no sabían ni aun lo que significaba la palabra batán. Había que seguir buscando, preguntando a todo ser viviente. Un día tuvimos el acierto de encontrar al albañil José lriarte, hombre simpático y amable que estaba trabajando en el molino de Nolalla. Su información fue perfecta; a tres kilómetros de este molino, agua abajo del río, están los restos de los «batanes de la lana». Cuando nos informa, estaba anocheciendo y desde aquí hubo que ir andando por la ribera. Es menor hacer el viaje en coche por Ciudad Real y Las Casas hasta el cortijo próximo a los batanes, y, desde este cortijo andar un kilómetro, hasta los mismos. Al día siguiente, llegamos a Las Casas, pueblo situado a 6 kilómetros de Ciudad Real y entramos en el bar de la plaza titulado Bar Basilio. Trabo conversación, en cuanto puedo, con el dueño y con los hombres de más edad que alternan en el local. Pronto voy a mi asunto. Basilio Díaz Astillero, Francisco Garrido Rojas y Reyes García, me dicen que ellos han visto, hace unos treinta años, los restos de las máquinas del batán, ya en muy mal estado. Mejor dicho, los restos de uno de los batanes, porque había tres, de los cuales, aún puede verse lo que queda de la edificación. Reyes García, albañil, que ha trabajado recientemente en las proximidades del lugar, se brinda, amablemente a acompañarnos, porque está próxima la noche, y, sin un guía, no podríamos encontrarlos y volver. Llegamos a la margen del río casi de noche. Con profunda emoción contemplamos los restos de las pilas del puente y los paredones rojizos de un batán que aún quedan, como fantasmas, para dar fe del paso de los dos más grandes personajes que la mente humana pudo imaginar. Reyes nos señala, a través de una espesa arboleda, los «árboles altos», donde se encuentra lo que queda del batán de la otra margen. Volvemos al pueblo. Francisco Garrido llama a un hombre que pasa cerca de nosotros; se llama Juan Zarcas y tiene 67 años. Vivió de niño en los batanes, cuando ya no funcionaban, y su padre gastaba una faja fabricada en ellos. Estamos en la plaza. Dos muchachos jóvenes se acercan curiosos hacia nosotros. ¿Qué buscan «ustedes»?-, nos preguntan. Les hablamos de Don Quijote. Uno de ellos dice no le conoce. El otro nos explica: -A ese señor, yo sí que le he oído de «nombral», porque en la «mili», cuando decía que era de la Mancha, me contestaban: ¡Mira, es de la tierra de Don Quijote! A la semana siguiente pudimos ver de día el interesantísimo
lugar y hacer en él unas fotografías. Días después
llegamos, por Peralvillo, al batán de la margen derecha. En éste
estuvieron, Don Quijote y Sancho para pasar el Guadiana por el puente,
que aún existe, del molino, convertido después en Central
Eléctrica de Ciudad Real. |