Imprimir Imprimir página
   
  I.   Tierras y lugares de la ruta de Don Quijote
  II.  La ruta de Don Quijote, desde su pueblo a los Batanes
  III. La ruta de Don Quijote de los Batanes a Solana y regreso
  IV.  Tercera salida de Don Quijote
  V.   Viaje a la Ínsula Barataria
  VI.  El verdadero pueblo de Don Quijote: La Puebla de Almoradiel
  VII. Curiosidades
IV. TERCERA SALIDA DE DON QUIJOTE

Respecto a la primera y a la segunda salida de Don Quijote hay datos, aunque dados implícitamente en el texto del libro, que permiten determinar, cor toda seguridad, las tierras y lugares en que ocurrieron sus aventuras, así como su camino palmo a palmo. En la tercera salida recorren, los protagonistas. grandes distancias sin que se nos diga nada referente al camino o lugar en que se encontraban. Así, entre Zaragoza y Barcelona, en unos 280 kilómetros, tenemos que suponer y es muy lógico, que siguieron el camino que describe Juan Villuga, autor del libro, sin planos ni dibujos, titulado «tinerarios de los caminos de España», que eran los que estaban en uso en la segunda mitad del siglo xvi, dando el nombre de cada pueblo por el que había que pasar, así como la distancia entre los mismos expresada en leguas. El itinerario de Zaragoza a Barcelona coincide con la actual carretera nacional, menos en el trayecto, de 38 kilómetros, de Igualada a Martorreli, en el que esta carretera pasa por Castellolí, Bruch, Esparraguera, Abrera y Martoreli, mientras que el antiguo camino sigue el itinerario por Igualada, La Puebla, Piera, Masqueta y Martoreli. Quien recorra hoy esta parte de la tercera salida, podrá ver en ella, en tierras de Aragón, si su curiosidad e interés le inclinan a ello, verdaderas maravillas de arquitectura como las torres mudéjares de Alfajarín y Utebo, así como los paisajes, diferentes a todos los del resto de España, de sabor y emoción intensa, que sólo los viajeros de fina sensibilidad podrán apreciar.

En esta tercera salida hay otra parte, de gran longitud, desde la Cueva de Montesinos hasta Pedrola, de unos 380 kilómetros, en la que podían entonces, seguirse varios itinerarios. No hay datos que permitan asegurar por cuál de ellos caminaron nuestros viajeros, para ir desde las Lagunas de Ruidera hasta el Palacio de los Duques de Villahermosa, en Pedrola. Yo me inclino a creer, aunque sin afirmarlo, sino por ser lo más lógico, que irían a buscar la Vereda Real de Soria y, por ésta, al río Jalón, siguiendo por los caminos de las orillas de este río, hasta llegar al Ebro; pero hubo y hay opiniones diversas para todos los gustos, que estimo son de poco fundamento la mayoría de ellas, para dejar esto resuelto con seguridad. Según las distintas apreciaciones, se les hace pasar a estos personajes por Ruidera, Ossa de Montiel, Tomelloso, Socuéllamos, Belmonte, Cuenca, Baides, Sigüenza, y otros pueblos y ciudades, hasta Pedrola; o por Teruel y Daroca; o por Molina de Aragón, por la que pasa una calzada romana. Yo en esto no me meto, porque no encuentro una base, ni un dato, con qué determinar con exactitud, esta parte de la ruta. Sólo hablaré y discurriré sobre el principio y final de esta tercera salida, de Pedrola y de Alcalá de Ebro donde radica La ínsula Barataria que son lugares seguros de] camino, de los que hay que tratar en este estudio.

Salen de su pueblo por el camino de la Ermita de Palomares, hacia el sur, pues desde «su lugar» a El Toboso no hay «carretera», para encontrar el Camino Real de Toledo a Murcia y Valencia, que los lleva, por Miguel Esteban, a El Toboso. Este camino de Palomares, es el mismo que siguieron al comienzo de la primera y segunda salida, y tiene una inclinación media, medida sobre el terreno por mí, de 30' con relación a la línea Norte-Sur magnético, lo que hace que en la segunda salida «por ser la hora de la mañana» les diera el sol de soslayo. Muy cerca aún de su aldea, encuentran este camino de Murcia y Valencia, no lejos del Vado de Tajahierro, que está en el río Gigüela, y siguen por él a Miguel Esteban, punto de paso, y a El Toboso, primer propósito de Den Quijote en este viaje.

De Miguel Esteban, pequeño pueblecito de La Mancha, antes y ahora, dijeron sus autoridades a Felipe II en 1575, y resumo y cito de memoria que «en este pueblo hay sólo dos casas construidas de piedra y cubiertas con teja; las demás son de tapia¡ de barro y ramas en su cubierta. Es escaso de agua y leña, tiene un solo pozo que se seca en el verano». Asi estaban las cosas cuando España era la nación más grande y poderosa de la tierra, y su rey, el más importante y prudente del Orbe.

He estado muchas veces en Miguel Esteban, estudiando sus caminos, sus arroyos y sus tierras. En uno de mis viajes, en 1972, los ancianos de la localidad, reunidos en la plaza, charlaban de sus cosas y tomaban el sol, cuando los abordé y, amablemente, me contestaron:

-Sí señor, no falta el agua en este pueblo. Para guisar, usan las mujeres butano ¡sabe usted!, nos traen «pescao» fresco y de «too» lo que usted quiera. Pues lo que no hay aquí ni ha habido nunca, es pesca. En los patios de las casas, hay pozos que no se secan. Por las noches, vamos al casino o a nuestras casas y vemos la televisión o jugamos una partidita. Como a «toos» nos ha «quedao» una miaja de pensión, aunque no sea mucha, pues no somos gravosos a los hijos.

Existen hoy en el término de Miguel Esteban más de doscientas norias que, con su agua, han cambiado los cultivos. Todas sus casas, o casi todas, son de Fábrica, tienen buenos tejados y están bien revocadas. No he visto en él ni una sola caballería; pero, en sus calles, hay aparcados no pocos coches nuevos o en buen uso Este pueblo no es el de Don Quijote; pero sí sería el de mayores probabilidades de serio, le no haber existido La Puebla de Almoradiel, que es, con toda seguridad, el verdadero pueblo de los Personajes cumbre de la literatura. La diferencia entre el Miguel Esteban de 1575 y el de 1972, hace pensar en el cambio que ha experimentado España durante este tiempo. Muchos pueblos, casi miserables y con fisonomía, por el aspecto de sus calles y de sus construcciones, de citanías ibéricas, se han convertido en núcleos de población totalmente europeos. Eran miserables, cuando España era la nación más grande y poderosa de la Tierra, y son buenos, limpios, bienalimentados y felices, cuando su patria se ha convertido en una potencia de segundo orden.

Juan Villuga, en su libro «tinerario de los caminos de España», cita los siguientes pueblos en el trayecto de Toledo a Valencia, ya que el itinerario completo, que da este autor, es el de Lisboa a Valencia:

1. Toledo 13. Campillo Alto Buey

2. Nambroce 14. Pesquera

3. Almonacid 15. Pajaco

4. Bogas 16. Venta Nueva

5. Tembleque 17. Laudete de las fuentes

6. Villacañas

7. Miguel Esteban 18. Utiel

S. El Toboso 19. Requena

9. Alberca 20. Siete Aguas

10. Cañavete 21. Chiva

11. Alarcón 22. Quart

12. Motilla del Palancar 23. Valencia.

En El Toboso he estado muchísimas veces y he pintado en él varios cuadros. En 1972, conocí a su alcalde, don Jaime Olmo Martínez-Pantoja, Presilente de la Sociedad cervantina, Académico de Bellas Artes de Toledo, persona muy culta y amable, que conocía muy bien la obra de Cervantes y que tuvo a gentileza de acompañarme por el pueblo, durante varias horas. Vi con él la Iglesia, la Casa de Dulcinea, el museo y todas las calles y rincones de la ocalidad. Me habló de muchos ternas relacionados con Cervantes y El Toboso; me dijo que no se explicaba por qué había tenido este pueblo, una tapia alta cerrándolo, y que tampoco comprendía cómo pudo tener, en otro tiempo, un importante comercio, con muchas tiendas con muy diversos artículos. Quedé Sorprendido yo tampoco entendí el por qué de la tapia, ni el del extraordinario comercio. Ahora, sí en

tiendo sus causas, y voy a intentar explicarlas con claridad.

El Toboso, que no es de fundación muy antigua, quizás sea del siglo XIII, está ubicado en un punto crucial de las comunicaciones de este siglo y de los siguientes, hasta el XVI inclusive, como puede apreciarse en el plano E que se acompaña, pues no confluyen en un punto geométrico los importantes caminos que rodean a El Toboso, pero sí pasan por una parcela triangular limitada por La Puebla de Almoradiel, Miguel Esteban, El Toboso y Mota del Cuervo, en el centro aproximado de la cual está El Toboso.

Dicen del citado pueblo, las relaciones» de Felipe II de 1575, en el capítulo 2, que les lugar antiguo de más de trescientos años. Es fama, que Don Pelayo Pérez Correa, maestre que fue de Santiago, lo mandara fundar para asegurar el camino que de Toledo por él pasa a Murcia, porque era tierra despoblada. No hay memoria, ni aún sospecha, que haya sido pueblo de moros por ser falto de agua ... », y en el capítulo 23 «es falto de aguas porque no hay ríos, ni fuentes, ni lagunas. Sólo hay pozos, de donde se proveen de agua y se muele en los molinos que hay en los ríos de Tajo, Xucar, Guadiana, que están a diez leguas de este pueblo». ¿Cómo se le ocurriría a Don Pelayo Pérez Correa construir un pueblo, cerrado con una alta tapia, en un sitio en el que no hay agua? Los castillos, los pueblos y las ventas se han edificado siempre, en todos los países del mundo, donde hay agua. Don Pelayo Pérez Correa tuvo en cuenta, sin duda, otra razón y es que, no había ventas ni posadas en el trayecto Villacañas-Mota del Cuervo, de más de 50 kilómetros de longitud del Camino Real de Toledo a Valencia, ni en el trayecto de unos 67 kilómetros, de Villacañas a Las Mesas, del Camino Real de Toledo a Murcia, que tiene una parte común con el de Toledo a Valencia, por lo que los viajeros, mercaderes y transportistas que utilizaban estos caminos, se veían obligados a andar, en un solo día, con sus carros, galeras o coches, carretas de bueyes, o simples caballerías, los 50 o los 67 kilómetros de estos trayectos o a pasar la noche a la intemperie, soportando el frío y la lluvia, más el peligro de ser atracados por los bandidos; además las transacciones de mercancias, que en esta encrucijada tenían que hacerse al aire libre, se hacían más difíciles en días de lluvia o de viento. Al fundarse El Toboso, los largos trayectos antes citados quedarían divididos en dos más cortos. el más largo de los cuales fue reducido a 35 kilómetros. y así, los tejidos de Cataluña, las naranjas de Valencia. las sedas de Murcia, los hierros de las Vascongadas, las armas y damasquinado de Toledo los vinos de Andalucía, se cambiarían, comprarían Y venderían bajo techado, en un recinto cerrado y seguro y, las posadas, mesones y tabernas de este pueblo tendrían que verse animados por mercaderes, escuderos, señores de alta alcurniá, mozos de mulas, carreteros y hasta por elementos de la Santa Hermandad, con lo que aquella frase de Cervantes, tan discutida y comentada. que dice «la gran ciudad de El Toboso» aunque irónica, tiene un apoyo fundamento en lo animado de su.ambiente y en lo surtido de sus tiendas.

No sólo El Toboso tuvo tapia cercándole, sino que la tuvieron otros lugares, por razones de seguridad, como Quintanar de la Orden, por ejemplo. Quizás también la reconquista, con sus frecuentes algaras entre moros y cristianos, diera motivo para construir tapias, no murallas, alrededor de los pueblos.

Cervantes, cuando regresó a España, después de su cautiverio en Argel, desembarcó en Denia en 1580 y pasó a Madrid. El viaje, desde Denia hasta su tierra, tuvo que hacerlo por el Camino Real de Murcia a Toledo o por el Camino Real de Valencia a Toledo, caminos ambos que convergían en El Toboso, gran ciudad» ésta en la que tuvo, seguramente, que pernoctar.

En 1580, el puerto y el muelle de Denia estaban ubicados exactamente, en lo que hoy es el solar que ocupa la gran gasolinera situada a la entrada de la carretera de Las Rotas y en el casco urbano de la ciudad. El muelle de este antiguo puerto era perpendicular a la línea de los muelles del puerto actual, porque estaba construido a lo largo de un camino, producido por la erosión de un arroyo, que nace en la sierra y vierte sus aguas, cuando las tiene, en el mar.

No es nada raro que Cervantes desembarcara en Denia, ya que esta ciudad fue importante como capital de un reino de Taifas al que pertenecían, en su totalidad, las Islas Baleares, y porque dista de Argelia solamente 400 kilómetros. Para ir hoy de Madrid a Denia, por carretera, hay que recorrer 450 kilómetros. Esto explica el itinerario Orán-Denia para su arribada a la península.

Para dar idea de la inseguridad que los viajeros padecían en los caminos, sobre todo los que llevaran rico equipaje y objetos de valor, voy a copiar aquí unos párrafos del texto cervantino:

En el capítulo VIII de la primera parte dice: « ... Detrás de ellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo (escuderos) que lo acompañaban y dos mozos de mulas de a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína, que iba a Sevilla, donde estaba su marido, que pasaba a las Indias con un muy honroso cargo ... ». Esto ocurrió en Puerto Lápice, y, la señora vizcaína iría, sin duda, por la Vereda Real de Soria.

En el capítulo XLIII, también de la primera parte, se dice: «Es, pues, el caso, que en toda la venta no había ventana que saliese al campo, sino un agujero de un pajar, ...». Así eran todas, o casi todas las ventas de entonces, cerradas al exterior para defenderse de los asaltos de los bandidos.

En el capítulo LX, de la segunda parte, dice Cervantes: « ... y díjole a Sancho:

No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no ves sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; ... ». Y, más adelante, en el mismo capítulo: «..., no menos los atribularon más de cuarenta bandoleros vivos que de improviso les rodearon, ...». El jefe de los bandidos, dice el texto, se llama Roque Guinart, y yo recuerdo haber leído, en un periódico, hace muchos años, un artículo de un cervantista en el que se decía que este nombre era el auténtico de un jefe de bandidos que operaban, en tiempos de nuestros héroes, precisamente en el sitio en que, Don Quijote y Sancho le encontraron.

Mi opinión sobre la importancia de El Toboso, y sus tiendas, queda expuesta ya anteriormente, por lo que sigo con el estudio de la ruta.

Continúan nuestros viajeros hacia Zaragoza, sin duda alguna, por el antiguo y muy derecho camino de El Toboso a Villanueva de Alcardete, para seguir, desde este pueblo, por la Vereda Real de Soria cuando se encuentran con la carreta de las Cortes de la Muerte, «... una carreta que salió a través del camino, ...», y, uno de los ocupantes de ésta, el Diablo, dice a Don Quijote: «... hemos hecho, en un lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la octava del Corpus, el auto de Las Cortes de la Muerte, y hemosle de hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece; ... ».

Yendo por el citado camino hacia Villanueva de Alcardete, se cruza, a 10 kilómetros de El Toboso, el también antiguo, Camino de Quintanar de la Orden a Los Hinojosos, que, coincidiendo exactamente con lo descrito por Cervantes, tiene, al Oste del punto de cruce en que se encontraron Don Quijote y Sancho con la carreta, la loma en la que está, como punto más alto, el Alrnirón, de 884 metros de cota, y al Oeste, Quintanar de la Orden, a 3 kilómetros de distancia, que es el «lugar que desde aquí se parece». Quien quiera ver el sitio justo de la aventura de la Carreta de la Muerte, puede darse un paseo en coche, de 128 kilómeros desde Madrid, y encontrará en el kilómetro 3,400 de la carretera de Quintanar de la Orden a Los Hinojosos, el punto donde ocurrió la citada aventura, y comprobará, una vez más, cómo Cervantes se ajusta a la realidad topográfica del terreno que describe.

Sigo con la ruta, y no quiero extenderme en excesivos detalles, por lo que remito al lector a las hojas 660 y 688 del Instituto Geográfico y Catastral, para que aprecie en ellas, por ser demasiado incómodo apreciarlo directamente sobre el terreno, con qué lógica obró el bachiller Sansón Carrasco, sabedor de las intenciones de Don Quijote, al esperar a éste, al lado del río Gigüela, «... debajo de unos altos y sombrosos árboles ... », por donde había de pasar el héroe, con Sancho, camino de Zaragoza, para darle batalla, vencerle y obligarle a volver a su pueblo.

Cuando los protagonistas de nuestra historia parten de El Toboso, marchan hacia el norte, pues dice Cervantes: «.... volvieron a subir en sus bestias, y siguieron el camino de Zaragoza, ...», y esta ciudad está al norte e El Tobolo. En el capítulo XIV de la parte segunda, Cervantes vuelve a decir después de la batalla con el Caballero del Bosque: «.... Don Quijote y Sancho volvieron a proseguir su camino de Zaragoza, ...» y, en el capítulo XV de esta misma segunda parte dice del bachiller Sansón Carrasco y de Tomé Cecial: «... y, así, siguieron el mismo viaje que llevaba Don Quijote y llegaron casi a hallarse en la aventura del Carro de la Muerte, ...». Es lógico y natural que el bachiller y Tomé Cecial pensaran en encontrarse con Don Quijote lo más cerca posible de su pueblo, y, sabedores de que éste se dirige a las Justas en Zaragoza, fueron a esperarle al camino de El Toboso a Villanueva de Alcardete, por el que había de pasar, en el punto de cruce de este camino con el de Los Hinojosos, donde ocurre la aventura de la Carreta de la Muerte, a la que casi llegan, y «siguieron el mismo viaje que llevaba Don Quijote» hasta llegar al río Cigüela, donde le encuentran. Lo que dice el texto cervantino responde, justamente, a la realidad topográfico del terreno. Siguen hacia Zaragoza Don Quijote y Sancho, por el camino de Horcajo de Santiago a Villanueva de Alcardete y, a 7 kilómetros del río Gigüela, desembocan en la tan repetida Vereda Real de Soria. En ésta los alcanza (porque su caminar es lento, como se deduce del relato), Don Diego de Miranda, y siguen con él hasta su casa. Mientras caminan juntos, el del Verde Gabán, dice a Don Quijote: «Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido», y, un poco más adelante: «..mis ejercicios son el de la caza y pesca; ... ».

Desde el cruce del río Gigüela, donde pasan la noche y ocurre la aventura del Caballero de los Espejos, hasta Pozorrubio, hay unos 17 kilómetros, por los caminos de entonces, que, naturalmente, son los seguidos por nuestros viajeros, y esta distancia corresponde a media jornada de Rocinante y del rucio, así a la hora de comer, deberían llegar a este pueblo, por lo que puede ser por esta razón, el de Don Diego Miranda. También puede serio porque hay pesca, pues me dicen los ancianos de la localidad que se pescan lucios, barbos, carpas y otros peces. No sé si estas especies se darían antes,' pero sí los otros peces. El río pasa a kilómetro y medio del pueblo, y a 3 kilómetros agua arriba del punto más próximo, hay un lugar llamado Torrelengua, que dista 4 kilómetros de su centro urbano, en el que existen, probablemente de origen árabe, pequeñas represas o azudes, que me parece exagerado llamar embalses por sus pequeñez, en los que hay agua y peces todo el año, hasta en el máximo estiaje, en que puede decirse que se seca el cauce.

En Los Lares de Don Diego piensa Don Quijote variar su rumbo para ir a la Cueva de Montesinos, y, poco antes de llegar a esta aldea, le ocurre la aventura de los leones, «que el General de Orán envía a la Corte».

Denia es, y era, el punto de España más próximo a Orán, por lo que en él desembarcó Cervantes al volver a su patria después de su cautiverio. El transporte de los leones, puede afirmarse que se hace por el mismo itinerario que siguió Cervantes hasta Madrid, y casi podemos estar seguros de que la carreta con las fieras y sus transportadores hicieron noche en El Toboso, como Cervantes, pues desde Las Mesas hasta Villanueva de Alcardete, pueblos en los que parece era posible alojarse, que distan el uno del otro unos 50 kilómetros, a recorrer en nuestro caso, a paso de carreta, no podían encontrar refugio más que en el pueblo de Dulcinea, construido, precisamente, para acortar distancias sin alojamiento. No es osadía ni fantasía, hacer las afirmaciones que acabo de hacer, pues son algo así como si afirmáramos que hoy, para ir a Valencia desde Madrid, sin más objeto que llegar a esta ciudad, hemos de pasar por Motilla del Palancar, o para ir de Madrid a Zaragoza, pasaremos por Medinaceli.

Después de la aventura de los leones, la carreta sigue su camino, y Don Diego, Don Quijote y Sancho, el suyo. Si son dos caminos diferentes, deben ser, por la «imitación» que el Príncipe de los Ingenios hace de la realidad, la tan citada Vereda Real de Soria hasta Saelices, donde se encuentra el camino de Valencia a Madrid, el de la carreta, y el muy antiguo de Corral de Almaguer a Pozorrubio, el de Don Diego y sus acompañantes. En el bar de la plaza de este pueblo, hay puesta en la pared, una cabeza de jabalí que cazó el dueño en las proximidades del pueblo, y, hace pocos años se metió un jabalí grande en el casco urbano y fue muerto por los vecinos. Su proximidad a la Sierra de la Almenara y a otros montes que todavía se conservan con su primitiva fisonomía y vegetación, hace pensar que siempre hubo caza, y que Don Diego Miranda podía dedicarse allí a sus aficiones de caza y pesca. Por estas razones y porque pasa por él el Camino Real, creo que Pozorrubio es el pueblo de El Caballero del Verde Gabán, aunque sin afirmarlo rotundamente, como hago con otros episodios.

El itinerario seguido por los protagonistas desde la casa de Don Diego Miranda hasta su llegada al Ebro, no lo sigo, porque sólo puede fundarse en suposiciones y conjeturas, y yo solamente quiero aclarar, tras un estudio serio y concienzudo, sin ninguna pasión, la parte de la ruta, que es casi toda, que tiene un apoyo firme y seguro, sin más interés que el de que se trata de Literatura Española, que lo haga un español, y que no nos encontremos, el día menos pensado, con que lo hace un extranjero. Yo ya sé de un francés, André Berthelot, ilustre hispanista, Profesor de Lengua y Literatura Española, en la Universidad de Caen, que, con bastante acierto, está dando vuelta al asunto; de un americano, que se despistó exageradamente en su ruta, y de un alemán que, creo, no siguió adelante en sus investigaciones por las dificultades que presenta este trabajo.

SUBIR